La Unión Europea quiere alcanzar la neutralidad climática en 2050. Para ello, ha establecido objetivos ambiciosos: reducir al menos un 55 % las emisiones de CO₂ antes de 2030 en comparación con los niveles de 1990. Uno de los pilares fundamentales para lograrlo es la Taxonomía de la UE.
Pero ¿qué es exactamente esta taxonomía? ¿Qué criterios establece y cómo impacta en las inversiones sostenibles? En este artículo te explicamos en qué consiste, qué objetivos persigue y cómo te afecta como inversor o inversora.
¿Qué es la Taxonomía de la UE?
La Taxonomía europea es un sistema de clasificación común que define qué actividades económicas pueden considerarse sostenibles desde el punto de vista medioambiental. Su objetivo es guiar la financiación hacia actividades que contribuyan de forma real a la transición ecológica, evitando el greenwashing.
Para obtener la etiqueta de sostenibilidad según la taxonomía, bancos, empresas e instituciones deben cumplir una serie de criterios técnicos y divulgar su información de forma transparente.
La lógica es clara: si se quiere alcanzar la neutralidad climática, el sistema financiero debe canalizar capital hacia la economía verde. La taxonomía es el lenguaje común para que eso ocurra.
¿Cómo funciona la taxonomía verde europea?
Una actividad económica se considera sostenible si cumple con los siguientes requisitos:
- Contribuye de forma significativa a uno de los seis objetivos medioambientales definidos por la UE.
- No causa un perjuicio significativo a ninguno de los otros cinco objetivos.
- Cumple con garantías mínimas en materia de derechos laborales y humanos.
Los seis objetivos ambientales de la Taxonomía
- Mitigación del cambio climático: reducir emisiones mediante energías renovables o tecnologías limpias.
- Adaptación al cambio climático: mejorar la resiliencia ante fenómenos extremos o impactos futuros.
- Gestión sostenible del agua: proteger mares, ríos, lagos y ecosistemas acuáticos.
- Transición hacia una economía circular: eficiencia de recursos, reutilización, reciclaje.
- Prevención y control de la contaminación: reducir vertidos, emisiones tóxicas y contaminación del aire, agua o suelo.
- Protección de la biodiversidad: preservar ecosistemas, restaurar hábitats y frenar la pérdida de especies.
Desde el 1 de enero de 2024, las empresas deben informar sobre su alineación con los seis objetivos. En 2023, solo era obligatorio informar sobre ingresos, gastos operativos e inversiones relacionados con los objetivos 3 a 6.
¿Qué empresas están obligadas a aplicar la Taxonomía?
Actualmente, están sujetas a esta obligación las empresas que cumplan estos tres criterios:
- Más de 500 empleados.
- Operan dentro del territorio de la UE.
- Ingresos superiores a 40 millones de euros anuales.
A partir de 2025, la normativa se ampliará a todas las grandes empresas según los criterios contables europeos. Y desde 2026 también afectará a las PYMEs cotizadas en mercados financieros, salvo que opten por aplazarlo hasta 2028.
¿Cómo se supervisa el cumplimiento?
Actualmente, el control es mayoritariamente interno, con revisiones voluntarias. Sin embargo, con la entrada en vigor de la Directiva de Información Corporativa sobre Sostenibilidad (CSRD), la verificación pasará a ser obligatoria y estará a cargo de auditores externos, bajo un modelo de verificación limitada.
El objetivo es evitar errores manuales y mejorar la fiabilidad de los datos, promoviendo la digitalización y estandarización de la información.
Relación entre la Taxonomía, la CSRD y la SFDR
La Taxonomía de la UE actúa como puente entre dos normativas:
- CSRD: obliga a las empresas a informar de forma estandarizada sobre su desempeño en sostenibilidad.
- SFDR: exige a los productos financieros (fondos, planes, ETF…) divulgar su nivel de sostenibilidad.
Así, la información que las empresas reportan gracias a la CSRD se convierte, a través del Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR), en datos útiles para inversores y gestores de fondos. La Taxonomía proporciona los criterios técnicos que permiten comparar y evaluar qué productos son realmente sostenibles.
Cómo identificar productos financieros sostenibles
Gracias a la SFDR, los fondos se clasifican en tres categorías:
- Artículo 6: fondos sin enfoque específico en sostenibilidad.
- Artículo 8: fondos verde claro que promueven características ambientales o sociales.
- Artículo 9: fondos verde oscuro con objetivo explícito de sostenibilidad o impacto positivo.
Los productos etiquetados como alineados con la taxonomía deben demostrar cómo contribuyen a los objetivos ambientales definidos. Esto permite a los inversores tomar decisiones más informadas y evitar el greenwashing.
¿Es efectiva la Taxonomía frente al greenwashing?
La intención de la Taxonomía es precisamente y evitar que productos financieros se presenten como sostenibles sin serlo realmente. Sin embargo, ha generado controversia desde que, en 2022, la Comisión Europea incluyó energía nuclear y gas natural como actividades potencialmente sostenibles.
Esta decisión ha provocado la oposición de ONGs como Greenpeace y WWF, así como de países como Austria y Luxemburgo, que han llevado el caso ante el Tribunal de Justicia de la UE. La inclusión del gas y la energía nuclear plantea dudas sobre la coherencia de la Taxonomía con los objetivos climáticos de la UE.
¿Qué impacto tiene para los inversores?
Como inversor particular, no estás obligado a aplicar la Taxonomía, pero sí te beneficia directamente. Gracias a esta normativa, puedes:
- Acceder a información estandarizada y verificable sobre sostenibilidad.
- Comparar productos financieros con criterios objetivos.
- Evitar el greenwashing y apoyar empresas verdaderamente comprometidas con la transición ecológica.
¿Puede la Taxonomía marcar la diferencia frente a la crisis climática?
Los expertos creen que sí, aunque aún queda camino por recorrer. La Taxonomía por sí sola no resolverá el cambio climático, pero puede canalizar el capital hacia sectores clave para la transición energética y acelerar la acción empresarial. Su éxito dependerá de que las normas sean claras, exigibles y aplicadas de forma coherente.
Otras iniciativas internacionales
A nivel global, existen otros esfuerzos similares como el International Sustainability Standards Board (ISSB), que trabaja para establecer criterios comunes en sostenibilidad. Sin embargo, la falta de armonización entre países sigue siendo un reto importante para los mercados financieros internacionales.
Taxonomía de la UE: el plan europeo para transformar la inversión sostenible